Escribir 1


 

Foto de Ana Milena Soto: Caption Maker

Foto: Ana Milena Soto – Caption Maker

 

 

Una historia tiene múltiples definiciones si buscamos en un diccionario, porque una historia es muchas cosas según la perspectiva en la que sea contada, puede ser larga, corta, triste, difícil, alegre, efímera, dramática, cómica, y un gran etcétera, solo dos cosas son seguras e identifican a cualquier historia, tienen un principio y un final.

Esta historia quizás comenzó hace varios años cuando decidí que lo que quería hacer en mi vida era crear historias, valga la redundancia de tanta “historia”. Y digo, quizás comenzó, porque la vida de cada persona es una sola historia que a la vez se conforma de otras secuencias de historias que ha vivido en su vida y a veces es difícil identificar cuando inician y cuando terminan esas secuencias de historias que solemos llamar experiencias.

 

Estudié Cine y Televisión con la ilusión de ver mis historias reflejadas en una pantalla, siempre creí que iba a ser tan sencillo como escribir una, pero nunca es tan fácil como eso, darme cuenta de ello y caer a la realidad fue una gran decepción y el inicio de una serie de cuestionamientos sobre el rumbo de mi vida. “Margarita”, mi tesis de grado fue la última historia elaborada que escribí, luego de ello vino una especie de letargo creativo producto de la ansiedad de no encontrar empleo en algo relacionado con mi carrera y otra serie de acontecimientos en mi vida personal.

La llegada a ATmedios fue sin duda el comienzo de un nuevo ciclo, no solo por la estabilidad si no porque me hacía ilusión volver a teclear, no sabía cómo se generaba el closed caption, en mi imaginario se hacía digitando, por lo que cuando apliqué a la oferta lo hice con la fe puesta en que era un trabajo para mí. Me equivoqué en algo, digitar no era algo que fuera a hacer contantemente en ATmedios, pero este si era el trabajo para mí.

Aprendí un oficio que me era desconocido, volví a reencontrarme con actividades que ya había hecho, como explorar cuadro a cuadro un audiovisual para sincronizarlo a la perfección con algo, en este caso insertar caption, pero la emoción que brinda esa exploración es la misma que la primera vez que lo hice, sentir la magia de la imagen en movimiento, esos 24 o 29 fotogramas que forman un segundo, segundos que hacen parte de un minuto, minutos que cuentan una historia.

Cuando hago vivos aun siento ese “corrientazo” de emoción, pura adrenalina porque solo hay un chance de hacerlo, muy pocas opciones de corregir esas palabras que se hacen inmediatas, entonces te exige concentración extrema, tener la mente ahí en el momento, en lo que estas escuchando, poderlo interpretar y convertirte en un narrador de historias.

Luego conocí una iniciativa social absolutamente mágica, ser parte de Cine para Todos es recordar lo bonito que es ver una historia en la pantalla gigante, el impacto que causa en las personas, sobre todo en aquellas que por discriminación no pueden disfrutarla cada vez que quieren porque su condición física no se lo permite, pero su sonrisa al entrar o salir de cada función es como la de un niño, esa emoción de descubrir otro mundo, otra historia.

Al darme cuenta me vi rodeada nuevamente por historias y decidí que quería volver a contarlas. Al cabo de un año de no escribir nada me encontré con que al intentarlo no era la misma que podía teclear casi sin parar porque las ideas salían como un torbellino de mi cabeza y mis dedos se movían con rapidez. Como aquel músculo que no usamos se atrofia y aquello que dejamos de practicar lo olvidamos, mis dedos ya no se mueven igual porque mis pensamientos se han vuelto perezosos. Sin embargo con terapia muscular la movilidad se recupera y es justo en lo que estoy trabajando hace aproximadamente 3 meses, dedicar un momento a la semana para revolver mis pensamientos y mover mis dedos con historias cortas o ejercicios como este.

Soy parte de la historia de ATmedios desde ese día de diciembre que empecé a trabajar y ATmedios hace parte de mi historia porque me dio motivos para volver a escribir.

Por: Ana Milena Soto


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