
Escribir vs transcribir
Nunca me imaginé que la pregunta que ha rondado mi cabeza durante dos semanas, era justamente por donde iba a comenzar a escribir el primer artículo para un blog.
Mil temas estaban en mi cabeza, recibí algunos consejos de cómo hacerlo, pero a la hora de comenzar mi mente quedaba en blanco, mi lengua se entumecía y mis dedos no tecleaban nada.
Sin embargo, había un factor que intensificaba mi ansiedad de querer hacerlo, era el tiempo. Ese que iba en cuenta regresiva, ese que me hacía no desfallecer en el intento. Quería escribir el mejor pero era paradójico que yo, una persona que tiene una cierta habilidad verbal por sus labores diarias, no fuera capaz de escribir para un blog.
Pero como esa canción de salsa que tanto me gusta y que se titula “Todo tiene su final” pues llegó la hora de enfrentar la situación, es decir, el final de todas las excusas que había puesto, mental y físicamente, para empezar a escribir.
Y heme aquí, escribiendo. Sigo la voz interna, tal y como la profesora de estenotipia decía en cada clase que tomaba cuando estaba aprendiendo este método de transcripción, …“sigue la voz, debes transcribir tan rápido como escuchas” y yo seguía la voz, quería llegar rápido al número de palabras que como mínimo debe llevar un artículo, quería escribir tan rápido como lo hago normalmente en mi trabajo como estenógrafa.
Algo que noté al escribir es que mi oído y cerebro estaba muy acostumbrado a escribir lo que otros dicen cuando hago Closed Caption para televisión, o en las transcripciones para conferencias y/o reuniones virtuales o presenciales, Por lo que escribir mis propias ideas fue lo más difícil de este reto.
Al igual que escribir, transcribir también tiene su ciencia, la literalidad juega un papel importante a la hora de informar o desinformar y sobre todo si esto hace parte de la accesibilidad que ATmedios, brinda a la comunidad sorda, a quienes van dirigidos gran parte de nuestros servicios.
Por: Sandra L. Rico