
En nuestras conversaciones diarias, cotidianas, contamos, narramos y describimos; eso no nos hace escritores ni audiodescriptores; la audiodescripción implica un ejercicio donde se mezclan las técnicas de redacción y gramática con la sintaxis de la imagen y la palabra, en el acto de la creación. Hay manuales de descripción como textos de gramática, como manuales de fotografía, hay reglas de oro y hay recomendaciones para dummies, y hay eternos consumidores de cine y de historias. Eso tampoco nos hace.
Durante la creación del guion de la audiodescripción se juega en múltiples escenarios y se piensa por supuesto en el público, en los públicos, este es el mismo ejercicio del guionista de cine; pero nosotros los audiodescriptores no podemos olvidar ese otro terreno, el que marca la diferencia, el que nos hace únicos, el que definitivamente nos traza el camino: estamos narrando para públicos diversos, para públicos geniales, que tienen la extraña capacidad de transustanciar los rostros en nombres y el nombre es el alma hecha voz, es el sentimiento, la emoción y la imagen en la palabra, es la luz que se hace texto para ordenar y sistematizar la información.
Un guion de audiodescripción no te cuenta, no te seduce, es un susurro, un eco, una voz que abre una puerta, que abre la imagen como las páginas de un libro para que sigas tu lectura, para que tu alma, tu inteligencia y tu mente, lean y disfruten, para que la experiencia alimente la forma y la creatividad.
Una audiodescripción, si ves, no te cuenta lo que ves, no te distorsiona la imagen, te propone otra conversación, te invita a dejar la rutina… pero solo te invita, por supuesto puedes decir NO.
No ver es una opción compleja, diversa y rica, igual que ver; solo sonrío de una forma discreta y prudente cuando la crítica intenta descalificar la descripción de video en el material audiovisual que se proyecta para todo el público. Hay quienes afirman: es que no nos gusta que nos cuenten lo que estamos viendo. ¿Usted ve? ¿Está seguro que ve? ¿usted cree que porque abre los ojos y la luz entra e imprime y estimula su retina y esa luz a través de un impulso eléctrico activa algo en su cerebro, eso es ver? Es más, ¿usted cree que quien está sentado junto a usted ve lo mismo?
Ilustro con un ejemplo, como dicen algunas películas, de la vida real: las aventuras de Tintín. Historietas que conozco por mi amigo Donny, un fan o fascinado o seducido por estas historietas, coleccionista de cuadros, pinturas, libros, imágenes, comprador compulsivo en Estocolmo, Ginebra, Bangkok…
Me cuenta él: es que en la película hay imágenes idénticas, los mismos colores, las mismas formas, las mismas figuras cuando el hidroavión aterriza o se estrella en el desierto, es como si estuvieras viendo el cómic, es idéntico…
¿Ustedes lo sabían? Aprovecho este comentario y esta película para narrarles en un breve ejemplo algo relacionado con la descripción de video, cómo y de qué hablamos y de qué discutimos cuando el guión se hace a cuatro manos:
«- La imagen: Tintín y el capitán Haddok escupen sus palmas y chocan las manos, la imagen de un desierto.»
O debería decir: «Tintín y el capitán Haddok estrechan sus manos y de los dedos, de los nudillos, del entorno y la silueta de las manos, en una disolvencia, se forman las dunas y el relieve del desierto.» ¿Efecto óptico? ¿efecto para embelesar los ojos? ¿o pausa o punto o un breve silencio? ¿cambio de escena? ¿cuenta o no cuenta? ¿forma o esencia? ¿Usted lo vio?
En Caballo de guerra: «- Imagen del tejido, después el campo arado». O debo decir: «las cuadrículas y los hilos que forman el tejido se disuelven y se diluyen en el paisaje del campo con dos figuras casi idénticas, la madre tejía y el hijo araba y tejido y arado se confunden en una imagen». Mi lectura. ¿Cuál es la suya?
«… El público es un factor tan determinante para el diseño de la historia como cualquier otro elemento. Sin él, el acto creativo es inútil.» [1]
Ahora, para continuar nuestras conversaciones le propongo otra lectura de Alicia en el País de las Maravillas. Debo confesar, no es mi favorita ni como película ni como historia, pero ese diálogo, el que usted encontró en la primera parte de este artículo, me invitó a esto, a otra lectura, a otro cuento. Es un paréntesis en medio de los sueños, las pesadillas, las metáforas o las realidades del cerebro o de la mente, de la química cerebral o de la cultura, o tan solo un par de líneas para la pre-adolescencia. O tan solo otra síntesis del Azul.
– Alicia: «No, lo siento… solo eres un producto de mi imaginación…»
– El sombrerero: «Sí, sí… pero tendrías que estar demente para imaginarme…»
– Alicia: «… tal vez sí lo estoy… al despertar te extrañaré…».
¿Me recordarás como un breve relámpago en tu memoria, como una luciérnaga que estalla en medio de la noche? ¿me recordarás? ¿Tendrás una idea de la forma de mi rostro, de mi decir, de mis modos o mi andar?
¿Cómo me vas a recordar? ¿En un alucinante paisaje de luz y viento? ¿o como el dueño de tu sonrisa cuando no miras a nada ni a nadie? ¿O seré esa sombra que te hace entrecerrar los ojos?
¿Cómo me vas a recordar? ¿Sí me vas recordar? ¿En dónde? ¿En otro gesto, en otro ademán, en la vaga idea de otro rostro? ¿Cuándo me vas a recordar? ¿Cuando la brisa se deslice sobre tu boca como el beso que nunca fue? ¿Cómo me vas a recordar si ni siquiera tengo un nombre?
Te recordaré como recuerdo la luna, la luna que habita mis noches, mi memoria, mis metáforas… Luna, recuerdo, olvido, palabra que se teje con tu voz, mis recuerdos, mis sombras …Como recuerdo esa otra metáfora, esa que desde tu rostro acompañaba tu voz, ese silencio que partía de tus ojos, ese silencio que se llama mirada…
[1] Ibidem, (página 23)